CAPÍTULO XI.-

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Este día 16 de abril de 1988, quiso Dios que en vez de hacer la reunión con los familiares lo hicieron solo los componentes de la referida Asociación. Al regreso de lo acontecido con sus compañeros regresaron cada uno en sus vehículos particulares a los domicilios respectivos, él tuvo la mala fortuna que al llegar a una rotonda o glorieta de distribución de tráfico una de las ruedas rozó con el bordillo de la isleta perdiendo el equilibro saliéndose de la carretera hacia la cuneta de más de un metro de profundidad, no siendo advertido al paso por aquel lugar de sus compañeros, hasta que un camión de gran altura su conductor observó lo ocurrido

Inmediatamente lo trasladaron a un Hospital Vallisoletano para ser atendido de las graves heridas que padecía, pero nada pudieron hacer por salvar su vida ya que aquellas heridas fueron mortales en su cuerpo falleciendo a los cortos minutos del ingreso.

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Vuestros abuelos tuvieron noticias de lo acaecido lo que inmediatamente nos pusimos en camino en unión de nuestra hija Mari Cruz y su marido, pero solo pudimos acompañarle en el tanatorio del Hospital; momentos después acudió desde Parla ( Madrid ) donde residían su hermana Manoli y su esposo, varios minutos después Juan el esposo de Manoli recibió un aviso telefónico desde Córdoba diciéndole que su padre había fallecido de un infarto, por lo que varios amigos de nuestro hijo lo trasladaron seguidamente para asistir al sepelio.

En el tanatorio de Valladolid nos encontramos con los cuñados de nuestro hijo Manolo y Miguel que poco antes habían acudido desde Córdoba para acompañar a su hermana Matilde.

Al siguiente día se celebró una misa en una Iglesia próxima al domicilio en la que estuvimos muy arropados por compañeros, amigos y vecinos.

Tramitados los documentos pertinentes para el traslado de nuestro hijo a Córdoba, a él lo hicieron en un coche fúnebre y nosotros, familiares y esposa en vehículos nuestros, encabezándose la comitiva por una escolta de motoristas de la Agrupación de Tráfico a la que pertenecía nuestro hijo hasta la entrada de la provincia de Córdoba que se hizo cargo de la comitiva otra pareja de esta ciudad que nos acompaño hasta el tanatorio del Hospital Militar donde quedó depositado su cadáver hasta el siguiente día fue enterrado en el Cementerio de San Rafael, en el panteón donde se encuentra enterrada su abuela paterna Ana y donde ambos están juntos para siempre.

Los compañeros de nuestro hijo Pepe demostraron una excelente unidad y camaradería en este caso particular que me llevan a escribir estas líneas con lágrimas en mis ojos,… ¡ya cansados por la edad y sufrimientos habidos en esta corta vida!…por el buen comportamiento en el que supieron estar este día final de nuestro hijo junto él, ¡supuesto que él para ellos era un compañero y un amigo de los buenos amigos! ¡gracias a todos ellos! Que supieron crear entre nosotros y toda la familia un ambiente de relajación por aquellos momentos tan difíciles por la muerte de nuestro hijo.

No pudo ser.

Quise alcanzar las estrellas
y no pudo ser.
Escalé altas montañas
a ver si así podía
pero no dieron placer.

Quise llegar hasta ti,
y no lo pudo obtener
Te ofrecí todos mis besos
todos mis sueños,
la vida mía
y tampoco pudo ser.

De todo lo ensoñado
y no alcanzado,
lo que más me ha dolido
es el no haberte tenido.

Casi toqué las estrellas,
estaban cerca de mi
a ti casi sentí,
pero tu tristeza me daba
tu no notaste nada,
solo me brindaste
una sonrisa fugar,
corta, como una brisa quizá…

Hoy siento mucha pena
pues ya no te tendré,
contemplaré las estrellas
a ellas si las puedo ver.

Un beso de tus padres Pepe.-

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El cuñado de nuestro hijo, Miguel Barbero hizo llegar al periódico “La Unión del Norte de Castilla” de Valladolid para su publicación en el mismo de unas líneas de << agradecimiento profundo al Cuerpo de la Guardia Civil y sobre todo a la Jefatura de Tráfico >> a la que pertenecía nuestro hijo, por las múltiples atenciones recibidas con motivo del fallecimiento de uno de sus miembros el Cabo 1º JOSÉ TÉLLEZ FERNÁNDEZ , en la que demostraron la excelente Unidad y camaradería entre sus miembros de la Guardia Civil y en este caso particular a las Agrupaciones de Tráfico de toda España”… En el mismo periódico y fecha salió una esquela mortuoria de la Asociación de Antiguos Alumnos de los Colegios de la Guardia Civil, haciendo constar el fallecimiento del Cabo1º de Tráfico Don José Téllez Fernández y rogando una oración por su alma.

Su esposa Mati y sus dos hijos Noél y Álvaro a los pocos días de lo ocurrido decidieron venirse a vivir a nuestra ciudad al amparo de sus familiares y rehacer nuevamente sus nuevas vidas.

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He de mencionar que no existe obstáculo en esta vida capaz de imponerse, si queremos podemos llegar más lejos, si queremos podemos llegar más alto…sólo hay que proponérselo.

Continuará….