CAPÍTULO VI.-

PELANDO LA PAVA

Era la forma más dinámica que en aquellos años cuarenta y cinco una pareja de novios hacía para verse, hablar de sus amores y conocerse mejor, algunos lo realizaban tras una reja de ventana y otros a la puerta de la casa de la novia como era mi caso particular.

Los domingos o días festivos nuestros paseos eran por las calles Avenida del Gran Capitán, calle Concepción, Gondomar y Plaza de las Tendillas enclavadas todas ellas en el centro de la ciudad cordobesa o bien entrábamos a cualquiera de los cines “Gran Teatro o Duque de Rivas” este último desaparecido por construcción de viviendas y de esta manera pasábamos la velada.

En aquellos paseos soñábamos la forma de diseñar y repensar nuestros planes futuros para luego hacerlos realidad, las ilusiones jamás nos faltaban como era el amor lleno de pureza y no como las de hoy día en el que se manifiestan los jóvenes de la nueva generación.

Años 1945

Nuestras relaciones como novios duraron tres añitos por lo que ya podéis comprender que la pava fue bien pelada.

Pasados estos tres años decidimos hacer preparativos de nuestra boda y efectivamente llegó el gran día, el día que tengo que decir “SÍ QUIERO”, ¡el día que me case! es sentirse como un cohete en la rampa de lanzamiento mientras espero la cuenta atrás…Como no teníamos recursos para comprarnos los trajes de novios vuestra abuela se alquiló se vestido por veinte duros de los de aquella época, y este abuelo Andrés el traje se lo prestó un buen amigo de trabajo.

La cuenta atrás de estos novios llegó el día 25 de julio de 1951 festividad de Santiago Apóstol (Patrón de España) en que a las 7´30 horas de la tarde sería nuestro enlace en la Iglesia Parroquial de Santa Marina, barrio de los que tienen más significados personales de la ciudad de Córdoba, sobre todo de toreros y piconeros.

Ese hermoso día a las siete horas de la tarde desde el Barrio del Naranjo domicilio de mis padres emprendimos radiantes y llenos de alegría

el camino hacia la Iglesia en un vehículo engalanado con flores blancas y cintas del mismo color.

No se preparó una boda de altos vuelos o rango porque nuestras necesidades no lo impedían pero eso sí con lo más elemental, pudiendo decir con voz muy alta de que sería un enlace lleno de cariño, fortaleza y con muchísimo amor-

A las 7´30 horas en punto estábamos en la puerta principal de esa iglesia fernandina edificada en la segunda mitad del siglo XIII, pisando una hermosa alfombra roja nos encaminamos hacia el altar donde se encontraba la Virgen de la Alegría que a sus pies nos postramos, allí nos esperaba el señor cura que celebrando los actos nupciales y en presencia de nuestros padres, hermanos, familiares y amigos nos dio su bendición pastoral que recibimos satisfactoriamente por haber contraído nuestro matrimonio bajo el signo de la humildad.

Faltó algo muy importante en la conclusión de nuestro enlace “el anillo o alianza de unión” lo que toda pareja matrimonial recibe entre sus dedos la alianza matrimonial que simboliza la voluntaria supeditación y unión con el cónyuge. Como eso no pudo ser motivado a nuestros escasos recursos económicos de aquella ocasión, nuestros dedos quedaron vacíos y los cuerpos desolados faltos de ilusión al no haber sido ese final como toda aquella pareja al tomar la responsabilidad del matrimonio, sí fue verdad, pasamos unos momentos muy amargos, pero quiso Dios que nuestros corazones se abrieran de par en par y con todas nuestras fuerzas e ilusiones de carecer de ese recuerdo dos besos nos dimos de corazón esperando que años después llegaran esas alianzas a penetrar en nuestros dedos con su inscripción personal.

Terminados los saludos, enhorabuenas de familiares y amigos y como era costumbre en la época de nuestra boda, estos novios se trasladaron andando y agarraditos del brazo desde la Iglesia hasta la casa del fotógrafo para hacernos la esa fotografía de rigor en la calle San Pablo (unos quinientos metros de distancia) dando fe de tal acontecimiento, emprendiendo nuestro retorno hasta la calle Las Parras domicilio de mi hermana María, donde nos esperaban nuestros padres, hermanos, familiares y amigos invitados donde degustamos unos vasos de vino, refrescos y pocas cosas mas.
Continuará…