Capítulo IXX

Como un caracol andante.

Como la casa de mis padres era parecida a un caracol andante decidieron una vez más comprar una casita pequeña en la Barriada del Naranjo a unos tres kilómetros de Córdoba,( hablo de los años 1950-51 más de medio siglo al día de hoy año 2009 … a petición mía mis padres me cedieron una habitación pequeña que daba a la calle para que entre mi novia (la abuela María hoy) abrir un pequeño negocio de pan y otros artículos de comer que comprábamos a precios elevados para luego venderlos nosotros también un poquito mas caros, ya que no se podía comprar libremente los mismos motivado a la guerra civil de los años 36-38 en la que España pasaba hambre hasta finalizar la década de los cincuenta por que incluso la postguerra fue mucho peor que la misma guerra civil, y así con las ganancias que obteníamos ahorrar algún dinerito para podernos casar.

Una prueba de fuego.

Si,… fue como una prueba de fuego la que este abuelo tuvo que pasar para llevar a cabo el poder suministrar los artículos al puesto para que vuestra abuela pudiera venderlos después, para ello me tenía que levantar todos los días a las cinco de la mañana, atravesar unos cerros existentes en el barrio o bien irme por la carretera que era mas lejano el camino hasta llegar a la calle Polichinelas de la ciudad ,donde a unos cincuenta metros del Realejo y de San Lorenzo se hallaba ubicada la panadería, compraba de estraperlo también diez o quince teleras de pan, las que en un saco a las espaldas regresaba nuevamente al Barrio del Naranjo por sitio distinto en evitación me controlaran los inspectores dedicados a la aprehensión de los artículos y me los quitaran.

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Una vez en la casa, dejaba la mercancía y después de desayunar y con un canasto de mimbre que contenía el almuerzo, me trasladaba nuevamente a Córdoba para trabajar que una veces estaba en un lugar y otras en otro dependiendo de los trabajos en la construcción.

Varios meses antes de contraer matrimonio, trabajé en un caserío en las proximidades de Montemayor (Córdoba) realizando una nave para una vaquería, con la mala fortuna que cuando derribamos unos muros que en su día fueron espacios para criaderos de cerdos, al quitar una de sus piedras noté un pinchadito entre los dedos de la mano derecha no haciéndole caso a ello. A los tres días después me comenzaron a dar fiebres bastantes altas por lo que tuve que visitar a un médico que dictaminó pasando varios días de análisis clínicos de sangre que las fiebres eran debidas a la picadura de un “chinchorro”,…una especie de chinche común que se aloja en las cavidades de las piedras de las paredes de las zahúrdas o pocilgas de los cerdos, insectos que a pesar de estar años y años inactivos no mueren. Tuve necesidad de medicarme algún tiempo sin llegar a desaparecer las fiebres altas, las que tardaron de cinco a seis meses en desaparecer, he de manifestaros queridos nietos que mencionadas fiebres me fueron eliminadas a partir de mi casamiento.

Aquí dejo de relatar aspectos detallados de aquellos episodios más relevantes de mi extraña vida…y vagos recuerdos más de aquellos tiempos…supongo que habrían pasado muchas cosas…, ya que soy uno de los pocos que casi no tiene memoria de su infancia…Me recuerdo muy inocentón…cualquiera con facilidad podía sacar provecho de aquella inocencia…Como comente anteriormente, de esa primera etapa no tengo ya más recuerdos concretos ni veraces…y si los hubiera tenido podrían pasar inadvertidos o simples sueños…Ahora si paso a contaros la segunda etapa de mi vida…por ser para este abuelo eficiente de transmitir por mi enfoque a adentrarme a la vida de la virtud, el deber y el honor,… por ello me decidí a ingresar en ese Benemérito Cuerpo de la Guardia Civil.

Continuará…