CAPÍTULO XVI.

Un día de cacería.

Cierto día el Sargento que teníamos en la oficina del Juzgado me invitó a pasar una tarde de campo y dedicarlo a la caza de la perdiz con reclamo, me animé y decidí pasar la misma con él, recuerdo fue un hermoso día de Sol para estar en el campo.

pajaros

Esta cacería se realiza cuando la perdiz atraviesa una etapa en la que se suceden los enfrentamientos guerreros entre los machos, dentro del seno de un bando, para la elección de la hembra por la que suspiran y así cerrar su ciclo biológico natural.

L a excitación de los machos suele ir en aumento ya que se dejan llevar por el calor del momento y así no es extraño verlos con claras intenciones de encaramarse en la jaula para batirse con aquel extraño que de forma descarada les está presentando batalla y además en un terreno que no le pertenece.

Pues bien, una vez en el lugar escogido nos dispusimos a recoger tamujos, ramas de encina y hiervas para hacer el puesto (especie de cercado o escondite) que evita ser visto por las perdices y si el cazador puede ver sus movimientos…posteriormente colocamos el reclamo a la distancia aconsejada en este arte de caza, que se refiere como he mencionado antes cuando los perdigones silvestres se encuentran en pleno celo y debilitan y defiende su territorio por medio de cantos lo que es aprovechado por el cazador para disparar y matarlos.

No hubo ninguna decisión por parte del reclamo en cantar y atraer a sus contrincantes…así estuvimos bastante tiempo escondidos a la espera de que el reclamo actuara…pasado el tiempo sin escuchar el canto decidimos tomarnos los refrescos y comernos la merienda que llevábamos al efecto.

Llegó la caída de la tarde y aún el reclamo hizo la menor disposición de canto…al Sargento le llegó el límite de su paciencia y sin pensarlo dos veces tomó la escopeta entre sus manos dándole dos tiros y matando al reclamo…tomando el camino de regreso a nuestras casas y sin ganas de volver nuevamente de caza.

Llegó mi licenciamiento y vida civil…

Por fin llegó el día 1º de noviembre de 1948 fecha en la que este abuelo vuestro fue licenciado del Ejército pasando a la vida civil de la que añoraba vivamente, continuando mis amistades con mi compañero de oficina Andujar y aún más con el Sargento, la vida social con esta última persona fue magnífica y exquisita, me reportó posibilidades de trabajo como pudo ser pintarle un piso que preparaba para contraer matrimonio en calle María Auxiliadora, mas tarde me colocó como dependiente en una perfumería que abrió al público junto a la Plaza de San Migue en el centro de la ciudad, donde permanecí unos seis meses como tal y que cerró el dueño al no ser rentable el negocio y contraer aquel matrimonio.

Entre medias de lo acontecido antes, mi padre había comprado un solar en el popular barrio del Zumbacon para construir allí una casa , trabajos que fueron realizados por mi padre, mis hermanos los mayorcitos este abuelo y un obrero de confianza que mi padre pagaba su sueldo, levantamos una buena casa con muros de tapia de cal y tierra, ladrillos, cemento, vigas de hierro, etc…a la que nos fuimos instalándonos paulatinamente.

Continuará…