Todas la mañanas nos sentamos o mejor dicho nos reunimos unos cuantos amigos en uno de los bancos del jardín de los Trinitarios de mi ciudad de Córdoba, entre los compañeros existe uno llamado Manuel anciano de 80 años de edad y varios amigos de edades parecidas o igualadas .En este lugar relatamos o removemos recuerdos pasados y de nuestras inquietudes actuales hasta la hora del almuerzo la una del mediodía aproximadamente que cada cual nos trasladamos a nuestros domicilios o a los de nuestros hijos o familiares.

Mi sorpresa fue mayúscula cuando al siguiente día sobre las cuatro de la tarde salí para unas compras y ver a mi amigo Manuel a pleno sol sentado en el mismo banco y con la cabeza agachada, el bastón agarrado fuertemente entre sus manos y sus pequeños ojos impregnados de grandes lágrimas que le hacían enrojecer aquellas mejillas ya muy arrugadas por el paso de los años y del sufrimientos en la vida…

Su mirada la encontré como si de algo grave le estuviere ocurriendo, estaba atraído por un algo muy doloroso para el pobre anciano y le pregunté delicadamente para no herir su sensibilidad melancólica en esos instantes a lo que le dije ¿Qué te ocurre amigo Manuel, cuales son tus circunstancias de que te encuentres a estas horas y con la temperatura tan elevada de calor en el jardín solo, sentado en el banco y llorando?

¡Manuel descompuesto, sin ánimo, muy pesimista y con su tristeza pudo decirme muy bajito y con una voz entrecortada: “Hace un mes mi esposa Carmen se marchó al cielo por una enfermedad grave que padecía y de la que nunca se le escuchó su padecimiento, ahora Dios ha querido tenerla a su lado para siempre y yo no volveré a verla jamás ni pasar juntitos el resto de nuestras vidas.
Me encuentro sólo, muy triste y al cuidado de dos hijos ya casados un varón y una hembra, con los cuales cada semana me turno y hago el almuerzo en casa de uno de ellos juntito a mis nietos.

Con mi creencia y por mis años creí de que ayer me tocaba hacerlo en casa de mi nuera por lo que con mis cortos pasos me personé al domicilio de mi nuera muy distante del otro hijo. Mi nuera con una mirada bastante despectiva me advirtió muy seriamente de que si”• todos los días ella tenía que ponerle de comer y que en aquella casa no habían echado comida para un viejo como era él, que volviera por el mismo camino y se marchara a casa de su hija que era la quien le correspondía hacerlo siempre.

Manuel me manifestó también que por el calor su desorientación y la llegada de la tarde-noche regreso como pudo al banco del que creé es quien le protege de todos los males y del que le hace poseer buenos amigos sobre todo tener una confianza plena de que su esposa estaba junto a él protegiéndolo de cualquier cosa mala que pudiera pasarle por lo cual decidió por su cansancio dormir encima del banco de su felicidad agarrado
con fuerza a su mejor amigo y compañero a la vez “el bastón”

Por la tardanza de la tarde-noche y no saber donde ir al no tener conocimiento cierto de donde se encontraba en esos momentos tan crueles para él, decidió tumbarse en el banco de su felicidad junto a su único y mejor “el bastón”… allí durmió parte de la noche hasta que este amigo lo encontró en una situación no muy agradable para una persona de su edad.

Abuelo Andrés Téllez.