Han sido diez días inciertos entre pedir citas médicas o pruebas.

Mi primer paso fue la toma de muestras sanguíneas, padecer un momento con las agujas, el parchecito en el pliegue del brazo para evitar sangrado posterior. Un segundo paso la resonancia magnética que me hace una médico especialista, la que me indica los pasos a seguir para la realización de la misma: posición debo colocar la cabeza hacia el interior de un cilindro magnético y sujeta con una especie de mordaza que cubría la totalidad de la cabeza, colocándome entre mis manos una perita de goma que sirve de timbre por si ocurriera alguna anomalía imprevisible.

Para obtener unas imágenes de calidad era imprescindible mi colaboración : permaneciendo lo más quieto posible, respirando con tranquilidad y siguiendo las indicaciones de la exploración que depende en gran medida de la región a estudiar que podría oscilar entre 30 a 45 min.

La prueba no me produjo dolor, sólo algo de claustrofobia (sentimiento de estar encerrada la cabeza), como por el ruido tan grande que la máquina producía y en la duración de 30 minutos. Pudiendo recoger los resultados en cinco días después.

Un tercer paso ha sido hacerme una ecografía de ambos lados del cuello sin ninguna clase de dolor ni malestar, prueba que me fue entregada minutos después.

Ya con todas las pruebas o exámenes médicos en mis manos pedí la cita para el Neurólogo que me visitará el próximo jueves a las 6´30 horas de la tarde

Ahora es cuando llega en mi cuerpo el miedo o la incertidumbre del devenir de la pulsión vital o del sufrimiento, todo ha de ser mirar a la boca del doctor especialista para ver lo que sus labios pronuncia, bien un alarde de alegría o lo contrario la derrota inevitable desesperanza.

Muchas gracias por leerme y en cuanto sepa esas palabras dulces o impacientes, este abuelo lo pondrá inmediatamente en conocimiento de todos vosotros amigos internautas