Con estas humildes letras quiero rendir un pequeño homenaje a esas personas sin techo, si a esos hombres y mujeres que  vemos durmiendo en un banco, o pidiendo limosna en cualquier calle o esquina…

 

En contra de la opinión de muchos hombres, nadie nace siendo un sin techo, ni está en la calle porque quiere.

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Quienes padecen este problema son personas que sufren situaciones de paro de larga duración, o no pueden acceder al mundo laboral, carecen de vivienda, tienen rotos sus lazos familiares, su formación socio-laboral  es muy precaria, soportan graves problemas de salud incrementados por su dependencia del alcohol o de la droga…; en definitiva, seres humanos desarraigados socialmente, en un circulo vicioso que la persona por si misma no puede romper.

 

Ahora que estamos próximos a la Navidad es cuando debemos tener presente a estas personas sin techo.

 

En estos días el mundo entero va de prisa, va a hacer las compras de Navidad y apenas se percata de la presencia de estas humildes personas que se sienten apenadas por la soledad el abandono y sin saber donde dormir esa noche, la pobreza está ahí  tirados en las aceras.

 

La rutina de verlos el día a día en nuestras calles o plazas los ha vuelto invisibles. Ya no los vemos, no los queremos ver, porque no nos importan, o porque quizás, pensamos que nada podemos hacer por ellos…

 

Cuando hablamos de esas personas sin techo, nos pasa  por nuestra mente ver a un individuo sucio, mal vestido y que huele mal.

 

¿Quién ha elegido nacer en una familia rica o pobre?  ¿ha tenido las mismas oportunidades de educación el hijo de un médico que el hijo de un trabajador en paro?

 

Es difícil encontrar en los medios de comunicación alguna noticia que haga referencia a las personas sin hogar, a no ser de hablar de sus muertes violentas grabadas con móviles por asesinos sin escrúpulos. Del resto de su sufrimiento no se habla porque no interesa. ¿A quién queremos engañar?  La pobreza existe a nuestro lado o a la vuelta de la esquina o en ese banco helado del parque de tu barrio donde ha dormido esta noche un sin techo, tapado con cajas de cartones que bien pudieran ser de esas compras que hemos adquirido poco después de pasar junto a estas personas sentadas en el suelo con ojos tristes.

 

Los sin techo tienen un nombre y una historia en esta vida, pero también tienen unos derechos que a menudo la humanidad deja aparcado a un lado y que hemos de ayudarles a recuperar. No olvidemos que la pobreza está al cruzar la calle, son grietas de insolidaridad…

 

Es muy cierto que existe la picaresca y que las situaciones muchas veces no son ni blancas ni negras, sino grises. Pero la paradoja  absurda es una evidencia. Mientras unos tienen y les sobra, a otros no les llega…

 

Tenemos que sentirnos solidarios con los sin techo en estas Navidades.

 

Escribe Abuelo Andrés.