Del 5 al 8 de septiembre se celebra una Velá en torno al Santuario de la Virgen de la Fuensanta, copatrona de Córdoba. Durante dichos días se celebrarán multitud de actividades religiosos, culturales, musicales, deportivas etc…dando comienzo las fiestas con el Pregón y lanzamiento de fuegos artificiales.

La Véla deleita como cada año con sus puestos de campanitas de cerámica para los niños que acuden a las fiestas.

El protocolo de seguir los asistentes a la Velá son ritos de visitar a la Virgen de la Fuensanta y ver al famoso caimán, situado en una de las paredes laterales de la iglesia del barrio.

El origen del caimán es incierto debido a la diversidad de leyendas. Una de la más extendida consta que en una ocasión hubo una crecida del río Guadalquivir y la abundancia de agua trajo un terrible caimán que llegó a sembrar el pánico entre la población cordobesa entre las cercanas huertas, hasta que un disminuido físico, un cojo, decidió acabar con el problema. Se cuenta que, después de estudiar el comportamiento del caimán, lo acercó y lo esperó en un árbol con su muleta y un pan abogado. El pan despertó la glotonería del animal que abriendo la boca para engullirlo, momento que aprovechó nuestro héroe para apearse al árbol y clavar el filo de la muleta en la garganta del animal, que disecó y le colocó como exvoto.

Otra forma de la leyenda habla de que el héroe no fue el cojo sino un condenado a muerte a quien se le ofreció el indulto si acababa con el terrible animal que tenía en jaque a la población.

Desde entonces, durante la celebración de la Velá de la Fuensanta, es costumbre acudir al templo y el ver el cuerpo desecado del caimán, que en muchos años ha servido de nido de pájaros, que yo mismo he comprobado en mi niñez cuando mis padres me llevaban a la celebración de las fiestas.