Recordando mi niñez en el Barrio de San Lorenzo de Córdoba donde viví durante muchos años, existían en sus aledaños 5 tabernas llamadas de “Joaquín Laguna” ,Casa Huevos Fritos, Casa Minguitos, Taberna de Mesa y Casa de Manolo de la Paz, distantes una de otras de diez a doce metros y entre ellas se encontraban el “Estanco de la Enana” y una frutería llamada “La Picailla” donde se vendía toda clase de verduras y frutas.

En estas tabernas recuerdo que cuando yo era mayor de edad ,mi padre en muchas ocasiones me invitaba a tomar una copita de ese vino fino amontillado o aquél de Moriles que sabían a gloria por su sabor y aroma , vinos que te tomabas con esa alegría y tradición obligada a recorrer una a una las “tascas” de rigor, donde se bebía el vino sentado en sus patios interiores junto a aquellos pozos que además de decorar el mismo servían para refrescar aquella rica bebida.

En el año 1721 según personas mayores decían que en la ciudad había más de 143 tabernas. A finales del siglo pasado se cantaba aquello de :

“Córdoba ciudad bravía

que entre antiguas y modernas

tiene trescientas tabernas

y una sola librería”.

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Qué bien, qué bien sienta tomarte unas copitas de vino de solera o amontillado con una buena tapa de bacalao frito o de un buen pisto cordobés.