Como Tebas, Córdoba también tenía 7 puertas estando circundada por una muralla para ser guardada como una joya. Tebas desapareció, no obstante sus murallas y sus puertas; pero Córdoba, sobrevivió. Sigue siendo una joya, aunque nada la circunda ni la guarda, salvo sus avenidas y paseos modernos y ese río Guadalquivir que pasa lento , como una tortuga, por debajo de los puentes  Miraflores, Romano y San Rafael.

 

Córdoba se puede recorrer en un solo día, no porque haya muy poco que ver, sino porque todos sus asombros los tiene reunidos en un puño. Hay en ella una conjunción asombrosa del ayer y del hoy, del pasado y del presente. Das vuelta la cara y ya tienes ahí a Maimónides, por ejemplo. Este es un monumento frete al cual te detienes y sin que sepaas nada de él, deducirás que no se trata de un santo ni de un poderoso, sino de un sabio. Esto, porque Maimónides (Moisés ben Maimón, el más grande pensador de la raza hebreo-española), te mirará desde la lejanía con tanta humanidad y sabiduría que te hará recordar que esa virtud es sólo privilegio de los sabios.

 

Recorremos la ciudad por entre calles adoquinadas y bastantes estrechas, son casas que tienen tantas ventanas de hierro forjado, como paredes de cal. En cada reja hay jaulas de pájaros o macetas de claveles, de tal manera que en pocos minutos te encuentras rodeado de paredes, de colores y de cantos, como en una selva,

 

Si levantas los ojos ves los miradores del Alcázar de los Reyes Cristianos, lugar que en el año 1486, la reina Isabel de Castilla y el rey Fernando de Aragón, recibieron al navegante genovés Cristóbal Colón, quien les iba a informar sobre su viaje de las Indias que,  luego resultó ser América..

 

Pero seguramente, lo que en tu visita a Córdoba te va a conducir  a lo imaginable, es la Mezquita-Catedral.

 

Así como Sevilla tiene su Alcázar y Granada tiene su Alambra, así Córdoba posee su Mezquita-Catedral, un templo que desde el año 785, pasó de mano en mano,  desde los Abderraman ,aceitunados reyes árabes, hasta los cristianos, unos 10 siglos después. De esta manera, la Mezquita-Catedral es un muestrario de estilos arquitectónicos deslumbrantes.

Existen rincones llenos de reminiscencias  visigódicas; otros árabes, bizantinos; el mudéjar extraordinario, tanto como rincones de estilo gótico, plateresco o hispánico-flamenco.

 

Sus arquerías se iluminan por partes para que puedas apreciar dónde reside el arte o la sbiduría de los arquitectos árabes. Pero también la de los arquitectos hispanos porque el altar mayor y el coro cristianos, son obras de maravilla. Por allí también entra la luz, pero no de golpe para no herir tus ojos ni tu sensibilidad. Ahora, si quieres ver la luz total, entonces,  sal de la Mezquita-Catedral. Afuera te recibirán  los naranjales con sus enormes frutos, enormes naranjas agrías, hechas expresamente para que el sol organice su gran fiesta de oro sobre las cáscaras.

 

Dos esquinas más allá, pasarás por el barrio de la judería;  barrio de todos, de árabes como de judios, de moros como de cristianos, de ibéricos como de bereberes. De allí, al barrio de la Anarquía con una gran plaza vacía, la de la Corredera mientras no lleguen los gitanos con sus artículos de venta adobados de “mentirijillas”. Allí puedes encontrar desde un estoque “legítimo” de Manolete hasta cacharros para el agua que parecen ubres de barro; desde macetas con claveles reventones de plástico hasta tanga para las que intentan asolearse en la Costa Brava el próximo verano-

 

Y ya que hemos mencionado a Manolete, ahí puedes observar su monumento y también visitar su tumba. En el cementerio general donde tambien reposan Guerra y Guerrita y, tal vez, algún peón que no alcanzó la gloria como ellos, Manolete, yace tan inmóvil como cuando citaba a sus enemigos.(dicen los entendidos de este arte que era muy sereno y que su serenidad cuando se ponía frente al toro, era la serenidad de Córdoba). .

 

El Cristo de los faroles es un rincón hermoso. Y muy sugestivo. Es la efigie de un Crucificado que al lo rodea una media docena de faroles que se mantienen en unos postes torcidos y negros. Da idea de que minutos antes pudo haber pasado un huracán que habría provocado un incendio y barrido a la gente que acompañaba a la procesión.

 

Hay un museo llamado de Julio Romero de Torres, que fue un pintor  español nacido y muriendo en Córdoba. Gracias a su afán por aprender. Vivió intensamente la vida cultural cordobesa de finales del siglo XIX. El grueso de sus obras como pintor se encuentran en este museo. Entre las obras más destacadas figuran: Amor mistico y amor profano, El Poema de Córdoba, Marta y María, La saeta, Cante hondo, La consagración de la copla, Carmen, y por supuesto, La chiquita piconera.

 Después, verás   el Palacio de Viana, la Cruz de Mayo, la calle de las Flores, la Calahorra, los patios cordobeses legítimos y las tiendas de artesanía  que te hacen pasear por las callejuelas de ayer y de hoy, de una de la s más sugestivas ciudades de España.

 

Cuando te das cuenta, ya el sol se estará ocultando por detrás del Puente Romano y, entonces como salidas del fondo de la tierra, escucharás coplas y cante jondo  como este:

                                         Quiero vivir en Córdoba,

                                          Porque me gusta oír,

                                          La campana de la Catedral

                                          Cuando me voi a dormir.

 

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                                          Mundito engañoso,

                                          Las guertas que da,

                                          Los pasitos que yo

                                          Doy p`lante,

                                          Se me van  patra

 

Se  agitan las tabernas de ayer o los nighyclubs de hoy. Porque Córdoba tiene de todo para los goces de la materia o del espíritu: Hermosas mujeres con cinturas de guitarra flamenca y vinos añejos y nostalgia, eso sí mucha, demasiada nostalgia