Hoy 21 de febrero cuando me dirigía a comprar a un supermercado de alimentación de mi barrio, me llamó a la atención a la puerta del mismo una joven que de momento no conocía, la que con una voz templada y llena de dolor y con lágrimas en los ojos me dijo “ soy la hija de Pepe, a la que yo aturdido pregunté  al no reconocerla al momento, y ella me respondió dulcemente, si, el primo de tu esposa María y ya comprendí de quien se trataba.

Con sus ojos llorosos y llenos de lágrimas me manifestó que su padre había fallecido en la anterior semana, que quisieron ponerse en contacto con nosotros telefónicamente pero no fue posible.

Me quedé profundamente consternado de su muerte que ha sido rápida y fulminante. Esa noche se encontraba algo triste y molesto al no saber que le ocurría decidiendo acostarse tempranamente y esperar si se le quitaran los malestares y a  al mismo tiempo descansar del ajetreado día.

A primera hora de la madrugada su esposa Antonia se interesó por su estado llamándolo en voz baja para no sobresaltarlo, le dijo Pepe ,Pepe como estás, y al ver que no contestaba le tocó el cuerpo observando su inmovilidad, pero Pepe no pudo contestarle, había fallecido de una supuesta parada cardiorrespiratoria.

¡Qué muerte mas dulce has tenido amigo Pepe!  Qué poco ruido has dado a tu esposa, hijos y familiares, has querido no causar molestias a nadie ya que al pulsar la cercanía de tu muerte volviste tus ojos a tu interior y no encontraste   nada más  elocuente que la banalidad, porque los vivos, comparados con los muertos, resultamos insoportablemente insignificantes.

Cumpliste  ese día una jornada bien empleada que te produjo en recompensa un dulce sueño de muerte…  porque  es más fácil soportar la muerte sin pensar en ella, que soportar una enfermedad sin morir.

Pepe tu esposa, hijos, familiares, amigos vecinos y cualquiera que te haya conocido, sabíamos lo que suponía tenerte al lado, pero ahora que nos has dejado, todos tus valores humanos se realzan especialmente.

Quién no ha disfrutado con tus bromas, tus chistes, tu compañía; quién no ha valorado tu lealtad, quién no te ha visto vivir la vida con esa alegría que te caracterizaba.

Te has ido, pero sabemos que estarás siempre a nuestro lado y en  las conversaciones siempre habrá un sitio para ti.

Te queremos…

Tu amigo Andrés.