Hoy me ha venido al pensamiento que no es normal encontrarte una cartera con x dinero, si, para mí fue un sábado del mes de diciembre y tres días antes de Navidad del año 1946 cuando transitaba por la calle Concepción de mi ciudad en una puesta de Sol. Observé como a una distancia de diez a quince metros de mí como, una persona de unos 40 o 45 años de edad al tratar de guardar su cartera en el bolsillo del pantalón, se le cayó al suelo sin que se diera cuenta de lo sucedido.

Hubo un instante en el que el diablo me tentó pero un Ángel bueno lo contradijo diciéndome ¡devuélvela, no tengas tan mala onda! Todo sucedió en unos segundos de reconocimiento interior entre el bien y el mal.

Pensé en mi padre por su edad. También me pasó por la cabeza la pregunta de si fuera yo el que perdiera una cartera con x dinero, alguien se la encontrara y se la quedara, ¿por qué no podría devolverla? Piensas 2 cosas: gastarte el dinero, aún sabiendo que esa persona lo podía utilizar en algo verdaderamente urgente, o entregarla haciendo tu buena acción del día y que te lo agradecerá por siempre. Luego dicen que ya no hay gente buena en este mundo.

Seguí pensando en que aquél dinero de la cartera podía ser el jornal de toda una semana de trabajo. Quizás podía ser prestado para un contratiempo de un hijo, padre, esposa enfermo, utilizando este dinero para pagar. ¿Sería para pasar con sus hijos una buena Navidad según su proximidad? Todo aquello apareció en mi pensamiento de manera inmediata y me dije: Bueno, ¡analiza bien! ¿Por qué no te acercas a esa persona y analizas la situación?

“Cuando se lo cuente a la gente me dirán que soy un tonto pero seguramente otros me admiraran por mi acción”, me dije. “Puede que sea un ejemplo para todos”

Llamé la atención de aquella persona y le advertí de la pérdida de su cartera. Después de cogerla con sus manos, recibí un gran abrazo y me dijo: “Amigo te lo agradezco de corazón. Lo que lleva dentro es el jornal de la semana de trabajo como albañil y lo necesito para pasar la semana y estos días de Navidad con mi esposa y mis dos hijos”.

Escribe abuelo Andrés.