Es cierto, que aquellos tiempos de mi juventud tenía a cuatro chavalas inquietas por los huesitos de este abuelo, pero eran novias pasajeras que yo nunca llegue amar, pero  a ellas les agradaba por ser un joven guaperas y muy formal según  palabras de ellas.

Tuve dos novias, a las que quería de verdad, una llamada Estrella que por circunstancias de la vida tuve que dejar y otra la que hoy día es mi esposa María, que fue la que llegó a conquistar de verdad mi corazón.

¿Cuando la conocí?

Fue a mediados de noviembre de 1945 cuando caminaba al atardecer por la Torre de la Malmuerta  (Monumento Nacional) en la ciudad de Córdoba, ya los tejados de las casas  se encontraban humedecidos por el frió fino de este mes, cuando al pasar por el arco del monumento vi de cerca  a esta moza, yo muy juvenil porque lo era, me acerqué a ella ya que me hizo un poco de tilín que quiere decir en cordobés “ que me gustó),con voz entrecortada le dije cuando paseas al anochecer  cerca de este monumento la luna queda callada porque tiene envidia de tu pelo, que te brilla como el cielo.

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Sus ojos melancólicos me miraron con tan discreto mirar, que me hirieron y no me dejaron en mi nada para mirar.

Por favor le dije:

No te vayas mi amor,

Que estoy muy sólo.

No te vayas por favor

Que tengo miedo quede

Mi alma desolada

Y sin tu amor.

La tarde apremiaba y las luces de las farolas dibujaban su sobra sobre la tierra, de pronto, como si fuera alguien falto de cariño y amor le dije:

Quiero dormir en tus brazos,

Como se duermen a los niños,

Para recibir ternura

Y unir su aliento con el mío.

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El resultado de todas aquellas palabras llenas de ternura y amor, bien por parte mía y de ella acabó como un flechazo entre dos. Quedamos ambos en unos momentos entrecortados y al rato le dije:

Ámame como si yo fuera

Alguien falto de cariño,

Como aquella rosa desnuda

Tiritando por el frío.

 

Ámame que me siento sólo

Y necesito estar contigo

Para percibir tus suspiros.

Muy atrevido le pregunté por su nombre, María me contestó, Andrés  yo le dije a su dulce voz con la que me preguntó.

De esta forma dio comienzo nuestra  historia de amor en tan bello lugar “Torre de la Malmuerta” de la que jamás ninguno de los dos podemos olvidar, fue este el lugar donde nos prometimos amor limpio y puro, como el rosal blanco de amor.

La acompañe hasta su casa después de robarle un beso, es decir dos como buen español, que me supieron a gloria porque fueron dos besos de amor y felicidad, no como los que ahora se dan los enamorados que parece darlos a una muñeca sin amor.