El envejecimiento de las personas no es fácil darle una definición concreta, aunque  todos de manera intuitiva, bien por observarlo a nuestro alrededor o por nosotros mismos,  tenemos un verdadero conocimiento de lo que es.
Envejecer es  la creciente incapacidad del cuerpo de una persona de mantenerse por sí solo y poder realizar las cosas que hacía antes de llegar a una edad madura. Cuando los adultos entramos en la etapa final de la vida, nuestra tarea consiste en contemplar  ésta en su conjunto y con coherencia.

Hemos definido la vejez como un proceso de deterioro, donde se conjugan todas las alteraciones funcionales por una pérdida progresiva en el tiempo de la incapacidad de la persona. El envejecimiento no es el mismo para todos, tiene distinto ritmo en unas personas y otras, es más, cada uno de nuestros tejidos, órganos y sistemas de nuestro  cuerpo envejecen a un ritmo diferente en cada uno de nosotros, por ello constituye la aceptación del ciclo vital de las personas que  han llegado a ser importantes en el proceso con sus experiencias propias y especiales. El envejecimiento produce la pérdida de nuestras facultades intelectuales”.

“La sociedad incluye a  nosotros los ancianos en el furgón de la cola” El ser humano, ha nacido para experimentar todas las edades, con sus experiencias propias y especiales tales como pueden ser la demencia, el problema del sueño, el enfado y el deterioro de la vida sexual.

Las personas de edad avanzada nos enfrentamos a la necesidad de aceptar la vida-la manera como hemos vivido-, se lucha para lograr un sentido de integridad, coherencia y totalidad de la vida, en vez de dar vía a la desesperación, incluyendo  aceptar lo vivido sin arrepentimiento de lo que pudo haber sido diferente, y aceptando la propia muerte como el fin inevitable, ya no vemos el tiempo para reaccionar y enmendar aquello en lo que no estábamos de acuerdo…
No es una enfermedad el envejecimiento, es un estado de cambios degenerativos, de un lento desgaste, el que no tiene que venir acompañado de dolores ni angustia, ya que finalmente de una manera u otra viene la declinación general, retrayéndonos de nuestras actividades cotidianas, pero esto último depende muchísimo de las personas  o cualidades que nos rodean.

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