A veces cuando pienso en la cantidad de lágrimas que he derramado por los fallecimientos de mis seres queridos, pienso que me he dado cuenta que el llorar ha sido una de las mejores válvulas de escape para apaciguar mi corazón. Quiero decir que a pesar de haber llorado tanto por ellos, siento un gran alivio el haberlo hecho porque se que esas lágrimas me han aliviado para lavar un montón de sensaciones y sentimientos que de otro modo estaría todavía cargando en mis espaldas.

También me he dado cuenta que las lágrimas me vienen a los ojos cuando me acuerdo de la soledad a la que sin querer estoy llegando y aún más sin tener a mi lado a mis seres queridos, la mayoría de las veces lloro por la necesidad de hacerlo, lo que me convierte en una experiencia tan personal como lo sería el darme un masaje o el tomar un café caliente.

No es que disfrute llorando, sino que siento que mi llanto forma parte de mi camino en la vida y con ello es como si hubiera aprendido algo que no sabía antes de comenzar a llorar. Por eso ahora, cada vez que me atenazan las lágrimas en mis ojos, las dejo salir cuanto antes para tener un alivio y no olvidar nunca que soy un ser humano y poseer una vida intense llena de lágrimas, risas, miedos, emociones y esperanzas.