VIVENCIAS ESCRITAS DE UN ABUELO PARA SUS NIETOS. Capítulo XXII.
Nuestro servicio de correrías de ocho horas finalizó a las dos de la tarde y quisiera hubierais visto a vuestro abuelo cuando desmontó del caballo, abierto de piernas formando arco y agachado andando para buscar deprisa el pabellón donde estaba la abuela María para que me curara los cachetes del culo [...]











