Hoy he quedado sorprendido cuando al salir del interior del edificio de la Residencia de Personas Mayores “El Yate” en la ciudad de Córdoba hacia la terraza existente en la misma, para tomar el sol o la sombra según el tiempo que ese día esté presente ante nosotros los residentes del centro, al abrirse la puerta de cristal me dí como dice el refrán ¡cara a cara! con un precioso perro de una edad mediana a mi parecer por no entender nada de estos animales.

Me advirtió la celadora de la puerta, hiciera el favor de echar a mencionado animal fuera del cercado de la Residencia para evitar su permanencia en mencionado lugar, contesté que si, y llamando al animal poco a poco conseguí saliera de la reja de hierro corrediza que sirve para la entrada y salida de vehículos, lo que efectivamente una vez el perro fuera se cerraron las puertas de corredera, pero cual fue mi mayor sorpresa que cuando yo regresaba a la mencionada terraza el perro vagabundo (nombre adjudicado por no conocerle dueño) ya estaba nuevamente sentado a la puerta del centro, así se hizo en varias ocasiones, comprendiendo que su llegada era antes que la mía, motivado en que en el otro extremo de la cerca existe otra puerta de idénticas formalidades por donde tomaba como entrada entre hierro y hierro.

Ya lleva cerca de una semana y el animal sigue entre los ancianos como si se tratará de un componente más de la Residencia pero ¡sin hacer pago alguno por su estancia! Yo me pregunto una vez y otra ¿Tendrá este perro algo que transmitirnos con su presencia de algo que no sepamos?…Mucha gente ve a los animales simplemente como eso, animales, sin ver más allá de lo que puedan hacer por nosotros.

Estos seres sirven para, aparte de acompañar al ser humano, como compañeros de trabajo en ciertos ámbitos (policía, bomberos, guía de personas ciegas…) o también, como terapia en muchas ocasiones, y siempre adoptan una actitud efectiva y de gran apego hacia el ser humano sin hacer juicios de valor…

Para este abuelo que escribe, estos animales debemos mirarlos como terapeutas y podemos admirarles con todo el respeto que se merecen, el de un ser vivo que siete, sufre, se alegra y además ayuda al ser humano, motivo este por el cual desde aquí pido a todos vosotros amigos residentes y familiares, que se le de una oportunidad a este perro
(sin nombre alguno hasta ahora) para que se pida a la Direccción de este Centro sea adoptado para la Residencia de Personas Mayores y sirva de amigo fiel y compañero entre todos nosotros los abuelos del Centro. No dejemos que este perro siga sin tener un dueño, un amigo o alguien que lo quiera de verdad y para siempre. Cada uno de ellos tiene su historia, pero todos tienen en común que no han tenido suerte, que necesitan de nosotros ser queridos, que darían su vida por tener un dueño que les diera una segunda oportunidad y los tratará con amor, todos sienten, padecen y sufren al ser abandonados y tratados como objetos, ¡que sea adoptado y pongámosle nombre para poder llamarle nosotros los abuelos de esta Residencia!.

Abuelo ANDRÉS TÉLLEZ.