Dicen que a cierta edad las personas mayores de edad nos hacemos invisible, que declinamos en la vida y que nos volvemos inexistentes para los demás y que sólo cabe el ímpetu de los años muy jóvenes.

Yo me hago esta pregunta ¿Me habré vuelto invisible para mis amigos?

Es muy probable, pero nunca tan consciente de mí existencia como ahora, ni tampoco me sentí con tanto protagonismo en mi vida. Se que puedo permitirme el lujo de no ser perfecto, de tener debilidades y equivocarme mucho en esta vida en la que me encuentro.

¡Qué bien vivir sin la obsesión de la perfección!

Es maravilloso reconocer que la felicidad está a veces junto a mí valorando todo lo recorrido.

He descubierto ser humano sencillamente con sus miserias y sus grandezas.

No quiero ser invisible para mis amigos, quiero ser lo que soy una persona vista por todos aunque sea mayor de edad…