Cuando yo tenía unos diez añitos de edad ya escuchaba hablar a mis padres de un fraile que llegó a Córdoba sobre el año 1935 para incorporarse al Hospital Infantil del Hogar y Clínica de San Juan de Dios al que lo llamaban “Fray Garbanzo” o también “el sablazo de Dios” por lo que he querido investigar algo sobre lo acontecido de esta persona en mi ciudad cordobesa y plasmar lo más relevante de la misma

Efectivamente este fraile se llamó Bonifacio Bonillo Fernández más conocido en Córdoba por “Fray Garbanzo” como bien he mencionado al principio, al que la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios a principios del año 1935 lo destinó a esta ciudad califal con el buen propósito de atender a una clase de enfermos que estaban olvidados y casi en completo abandono: eran niños que padecían secuelas poliomielíticas, malformaciones congénitas o adquiridas y afectados por parálisis diversas que estaban internados en el Hogar y Clínica San Rafael situado en Carretera del Brillante a las afueras de la ciudad (unos tres kilómetros) al pie de nuestra Sierra Morena, aquí es donde conoce las muchas necesidades existentes y del largo y duro camino que tiene que recorrer. Él acepta la voluntad de Dios con suma obediencia, y lejos de desanimarse, emprende su andadura como limosnero por estas tierras cordobesas con la confianza puesta en la Divina Providencia, confianza que nunca le faltó a lo largo de su vida, era conocedor también de que el edificio se encontraba en obras de adaptación para sus necesidades como Hospital, de que no podía llegar a los problemas de todos, sin embargo, se esforzaba para llegar al mayor número de necesidades de sus niños, su sensibilidad era el sufrimiento de los demás y que en muchísimas veces se sentía tocado ante cualquier eventualidad casual o inoportuna.

Para lograr aquellos objetivos trazados emprendía sus salidas en un viejo Lan Rover y vistiendo un parduzco hábito y sandalias de cuero, pisó en verano o invierno todos los cortijos de la provincia cordobesa para recoger las limosnas en especies como trigos, garbanzos, animales o lo que buenamente caía en sus humildes manos. Tuvo días que llegó a recoger tres o cuatro mil kilos de trigo que llevaba al silo más próximo convirtiéndolo en pesetas de aquella época.

Se levantaba con las claras del día abordando en el centro de la ciudad a los señoritos o terratenientes de aquella época y que se encontraban sentados en los Círculos Mercantil, Labradores y de la Amistad, a los que con su sabiduría y buen talante unos días a unos y otros días a otros les sacaba las limosnas para el sostenimiento de sus niños enfermos y la continuación de las obras ya emprendidas en fases de terminación.

Hubo una anécdota muy signa de ser comentada:” Se comentaba que al visitar a una señora para pedirle limosna para su obra humanitaria”, aquella le preguntó ¿cómo reuniría tanto dinero para sus niños y para las obras de ampliación del edificio? Él le contestó <>. También se comentaba que entraba a las cafeterías del centro de la ciudad y se acercaba a cualquier señorito diciéndole ¡ me invitas a un café!, si claro le contestaba aquél, pero él, cuando se acercaba el camarero le comentaba ¿ cuanto valen los cafés ? le interesaba la cantidad del importe de la supuesta consumición que se guardaba como limosna., eran innumerables las variedades de formas de sacarle los dineros o especies de cereales a los ricos, los que cuando lo veían transitar por la calle se escondían donde bien podían, ya que era incansable en su diario peregrinar para llevar alimentos o dineros a sus superiores por el bien de sus niños como él los llamaba.

A Fray Garbanzo como cariñosamente se le llamaba los proveedores les apremiaban los cobros por lo que él hablaba con ellos, y no solamente conseguía aplazar las fechas de pago, sino que también lograba abaratar los precios.

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El Hogar y Clínica de San Rafael comenzó a construirse gracias al sistema de postulación de la Orden Hospitalaria de Hermanos San Juan de Dios, en esta labor destacó especialmente la de este fraile Bonifacio Bonillo. Así, apenas de un año después de su llegada llegó el día deseado, las obras concluyeron con una bonita labor.

He de resaltar que el Hermano Bonifacio estuvo sirviendo a los más pobres ininterrumpidamente hasta septiembre de 1978 en que falleció después de haber permanecido 40 años al servicio de su Orden Hospitalaria .

Hoy día se sigue un plan de modernización y ampliación tanto de estructuras como de medios de salud y bienestar de cada paciente, conjugándose un amplio número de Consultas Externas atendidas por médicos especialistas de reconocido prestigio , siendo considerado en un Hospital privado y concertado.