El temor de estar solo

Hago un repaso de lo vivido y me viene al pensamiento el temor de estar solo, piensas y te dices para ti que opinaran los demás de mi, hasta que pude darme cuenta de que de todos modos opinarían igual de ello.

Hoy día doy gracias por todo lo vivido y he comprendido inmediatamente debía tener fe de mi mismo para hacer desaparecer esa soledad de mi mente y desechar el dolor de mi cuerpo.

He aprendido por mi edad que al estar solo siempre piensas en que la muerte se encuentra más cerca de uno mismo pero que ella no es el final, sino más bien un comienzo de otra existencia desconocida.

Puedes experimentar internamente el acercamiento de dejarte llevar a otra clase de libertad necesaria para deducir la voluntad de Dios.

Si no reconociéramos nuestra ignorancia nos alejaríamos de la sabiduría.

Abuelonet.es

Mujer apuñalada por un ladron

mujer-acuchillada
La imagen de esta mujer rusa con un cuchillo clavado en su espalda ha dado la vuelta al mundo. Parece imposible que Julia Popova, de 22 años, no se enterara de que había sido apuñalada hasta que llegó a su casa pero, según informa el diario británico Dayly Mail, los médicos que la atendieron han confirmado la veracidad de este hecho insólito.

Julia Popota fue atacada por un hombre que intentó robarla el bolso. Ella forcejeó para evitarlo y acabó sufriendo un terrible apuñalamiento por la espalda. Pero la joven no sintió nada y, aún en estado de shock por el asalto sufrido, se fue a casa. Allí, sus padres comprobaron horrorizados lo que le había sucedido a su hija.

Según ha declarado al diario Daly Mail uno de los médicos que atendió a la joven, “esta foto es nuestra, ella estuvo aquí”. Además, otros médicos que no han querido ser identificados, también han confirmado al diario que el caso es auténtico.

Julia pasó más de una hora con el cuchillo en la espalda pero, una vez que los médicos le operaron y se lo extrajeron tuvo una recuperación sencilla y no tendrá secuelas de ningún tipo.

Cortesía de Telecinco.com

Alabanza de la madurez

Hace unos días recibí este correo de Marylin gracias y quisiera por su contenido compartirlo con todos los que leen este blog.

¡ADIÓS A LA JUVENTUD!

Indudablemente la juventud es una edad dorada y recordada siempre con nostalgia . Es una breve época inolvidable, romántica, vibrante, emotiva y feliz.
Es una dichosa etapa creadora y vigorosa en la cual todo es fresco y novedoso, como una vaporosa nube en el firmamento con destellos de color de rosa.
Pero hay que reconocer que esa misma juventud tan alabada, tan cantada y suspirada, es también una época llena de luchas, de preocupaciones, de negros nubarrones, muchas veces de privaciones y nunca exenta de incertidumbres, celos, zozobras, competencias, temores, rivalidades y ansiedades.
Es como una regata en la cual hay que estar compartiendo constantemente para lograr un ansiado trofeo.

=El gran cambio=
Afortunadamente tanto en la naturaleza como en los seres humanos, “después de la tempestad viene la calma,” Y quizá lo mejor de la juventud… es que ya pasó.
Lo cierto es que sin saber cuándo, ni poder definir con exactitud una edad determinada (para unos antes y para otros después), en cierto punto impreciso de la vida llega ese lapso en que todo aminora su marcha y se detiene, posándose suavemente, sin prisa, dentro de nosotros mismos.

Es como una hoja que lleva suavemente la corriente..El cauce se transforma en una corriente de paz que se mueve lentamente, casi sin sentirlo, hacia esa infinita grandeza, profunda e inconmensurable, que es el final de todos los viajes y donde van a parar todos los ríos: el mar.
Esta etapa, queridos amigos, es la Madurez.
¡Pues que sea bienvenida!
Veamos: la madurez no es exactamente el mediodía de la vida, ni la tarde, ni la noche. Más bien yo diría que es ese impreciso momento que llega sigiloso con las primeras horas del día, abarcando esos instantes brumosos y volátiles que se disuelven poco c poco al ser tocados por los emergentes rayos del sol:
LA MADRUGADA.
Y algo extraordinario: Ahora no nos inquietan las modas ni los cambios que experimentan las nuevas generaciones, ni nos mortifican ni afectan las nuevas corrientes o costumbres, pues nosotros no estamos obligados a cambiar ni a iniciar nuevas modalidades.
Nuestra edad es ya suficiente justificación para mantenernos al margen, aunque sin desentendernos de lo básico y lo esencial.
Nosotros, mal que bien, por lo menos llegamos a la recta final. Y eso está como para celebrarlo.
¡Ya lo hicimos!
Al llegar la madurez cesan las dudas y las incertidumbres. Ya no es necesario hacer tareas ni desvelarse estudiando, correr tras el autobús por las mañanas, presentar agobiantes exámenes, pasear a la novia o preocuparse por conseguir empleo.
Definitivamente lo que íbamos a ser, ya lo somos. Y lo que no íbamos a ser, ya lo fuimos… ni lo seremos. No a estas alturas. De eso no hay dudas.
¿Entonces para qué preocuparnos?
Para los que “cruzamos la frontera” y estamos al otro lado, colocados sobre esta amplia, tranquila y bien ventilada terraza, ya no hay carreras, nerviosismos, competencias, prisas, luchas ni dudas a muerte. Nuestro sitio está en el palco, no en el ruedo. O por lo menos, detrás de la barrera.
La edad de los impulsos arrebatados, pues, ya ha terminado. Atrás quedaran angustias, zozobras. Indecisiones y dudas. ¡Y qué bueno!. Si esta es la madurez… pues bienvenida madurez.
HOY es aquel futuro del cual estábamos tan temerosos AYER.
Y ya ven, todo salío bien.
Después de todo… ¡aquí estamos!
La conclusión entonces es que, como en la madurez ya no hacemos planes a largo plazo (ni debemos), es necesario que se empiecen a ver YA los resultados de todo aquello para lo que antes trabajamos, planeamos, ahorramos y nos preparamos a lo largo de la vida.
Ya no hay que seguir posponiendo más las cosas, ni hacer planes inalcanzables” para el futuro,” pues para nosotros, óiganlo bien …
El futuro ya está aquí
¡El tiempo apremia!
De manera que ya no esperes más. Mientras gocen de relativa buena salud y puedan moverse fácilmente todavía; mientras puedan comer y beber de todo y disfrutas de los atractivos de la vida, aprovéchenlos. Abran ya sus botellas de coñac francés y usen sus vajillas de Bavaria y sus cubiertos de plata, pues ¿para cuándo lo están guardando? Podría meterse un ladron y vaciarles la casa, ¿ y de qué les sirvió haber guardado?
Que no tengamos que decir después
“Qué temprano se nos hizo tarde”
Tampoco esperen ya ningún mañana brillante y glorioso, singular y perfecto. Si iban a comprarse “algún día una lancha, una moto, un compo, una cámara digital, una computadora, y pueden hacerlo (y les gusta) pues cómpresela ya!.
Este el momento preciso, no pierdan tiempo.
Y si estuvimos haciendo planes toda la vida para realizar algún viaje a Europa, a las Cataratas del Iguazú, a Hawail, a Alaska, a China o a la Patagonia, pues antes de que otra cosa suceda, como una devaluación, una operación repentina o un infarto…
¡Váyanse ya!
¿Qué esperan?
En lo personal, y por lo que a mi respecta, ciertamente descubrir el arriba de la madurez me ha fascinado y me llena de gozo.
Estoy gratamente impresionado. ¡Nunca imaginé que fuera así!
Con inusitado asombro descubro día a día nuevas sorpresas y satisfacciones que nunca soñé que existieran.
Al sentirnos en paz con los demás y con nosotros mismos, recordamos la sabia reflexión de Amado Nervo, quien lo resumió así:ç
“Vida: nada me debes
Vida :nada te debo.
Vida: estamos en paz.

¿Por qué yo?

Es una pregunta que llevo haciéndome desde algún tiempo ¿Por qué yo?… me ha tenido que tocar a mi el no poder disfrutar de una vejez tranquila llena de alegría después de 83 años pateando por la vida.

Ahora que podía disfrutar de esa vejez que todo ser humano tiene derecho junto a su esposa amada, ésta se pone enferma de “Demencia Senil”, y sigo preguntándome…¿Por qué yo?… Si no he hecho nada malo… ¿por qué me ha tenido que tocar a mi?”… no es que se lo deseara a otras personas. ¿Por qué la vida ya no me habla?… Sólo me acaricia el silencio en la estancia negra de mis pensamientos… donde no me ha tocado nadie.

Que habré hecho para provocar todo lo que me está sucediendo en esta vida que estamos atravesando, será por alguna razón que yo no sepa haber realizado malamente, si es así, he de tener esa gran fortaleza en lo que me quede de vida para saber sufrir el castigo impuesto con la mayor suavidad posible.